En estas provincias la nafta cuesta hasta 20% menos que en Buenos Aires y la razón está en un impuesto que casi nadie conoce

Quien maneja hacia el sur descubre algo que descoloca: a partir de cierto kilómetro, la nafta empieza a ser más barata. No es una promo ni un truco de la estación. Es una diferencia que puede rozar el 20% respecto de lo que se paga en Buenos Aires, y que se sostiene con el paso de las semanas. La explicación, aunque suene prosaica, está en un impuesto que casi nadie nombra en voz alta.

“Cada vez que vuelvo de la Patagonia, mis amigos me preguntan si es verdad que el litro sale menos”, comenta un conductor frecuente. “La respuesta es sí, y no es por magia: es por normativa”.

¿Dónde se paga menos y por qué?

La brecha aparece con claridad en la región patagónica. En provincias del sur, el precio final en el surtidor cae entre un 10% y un 20% frente al promedio del AMBA. Es llamativo porque la logística allí encarece casi todo: hay más kilómetros, menos densidad de consumo y mayores costos de operación. Sin embargo, el valor en la pizarra baja gracias a una rebaja fiscal diseñada, justamente, para compensar esas desventajas.

Un expendedor lo resume sin rodeos: “Lo que abarata no es la distancia, es el esquema de impuestos”.

El impuesto invisible: ICL y CO2

La clave está en dos tributos específicos a los combustibles: el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el impuesto al Dióxido de Carbono. No se ven al pagar, pero están integrados en el precio de cada litro. En la región patagónica, la ley establece una reducción relevante de esas cargas. Menos impuesto por litro equivale, de manera directa, a tarifas finales más bajas.

Un tributarista lo explica así: “No es un subsidio al consumo, es una alícuota diferencial. La norma reconoce una geografía hostil para el abastecimiento y recorta el gravamen en esos territorios”.

Cómo impacta en el surtidor

El ICL y el CO2 son montos específicos por litro que se actualizan con la inflación en intervalos periódicos. En un contexto de recomposición de impuestos, su peso relativo crece y se hace más visible. Si en una zona pagás el 100% de esos tributos y en otra hay una quita significativa, la diferencia final se siente de inmediato en la billetera.

Para un automovilista promedio, el cálculo es simple: cada litro “liberado” de parte del ICL y del CO2 deja unos pesos menos en la cuenta total. Multiplicado por un tanque de 45 o 55 litros, el ahorro deja de ser anecdótico y se vuelve un monto que conviene planificar.

Las jurisdicciones alcanzadas

No toda la Argentina paga lo mismo ni se beneficia por igual. La zona con precio diferencial está definida por ley y no depende del humor de cada petrolera. Allí es donde el bolsillo respira un poco más.

  • Provincias con ventaja impositiva: Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y el partido de Patagones en la provincia de Buenos Aires.

En estas áreas, la carga del ICL y del CO2 se reduce de manera sustantiva, y eso se traduce en pizarras más amigables para el conductor local y el turista que cruza la frontera provincial.

¿Por qué casi nadie lo conoce?

Porque es un descuento “dentro” del precio, no un beneficio que se muestre en el ticket. El cliente no ve una línea que diga “-ICL” o “-CO2”, solo percibe que el litro cuesta menos que a 1.000 kilómetros de distancia. Además, la discusión pública suele concentrarse en los aumentos, en los congelamientos y en las diferencias entre nafta súper y premium, y no en la arquitectura tributaria de fondo.

“Es un típico caso de política silenciosa: funciona, pero no hace ruido”, bromea un analista del sector energético.

¿Se puede cambiar ese beneficio?

Como toda regla fiscal, puede revisarse. A veces el Gobierno decide postergar o acelerar actualizaciones del ICL y del CO2 para moderar la inflación o recomponer recaudación. También se han visto debates sobre la armonización de precios entre regiones para desalentar el cruce de fronteras en busca de diferencias. Pero modificar la alícuota diferencial patagónica implica discutir equilibrios políticos, fiscales y logísticos que no se resuelven de un día para el otro.

Un funcionario fue claro en una charla off: “Quitar el diferencial sin mejorar la infraestructura sería patear el tablero y castigar una zona que ya paga costos altos por vivir lejos”.

Lo que ve el automovilista

Quien maneja por la ruta nota que la brecha no es fija. Cambia según la marca, la ciudad, la combinación entre impuestos y costos locales. También varía más en la nafta que en el gasoil, y más en grado 2 que en grado 3, según cómo pegue cada ajuste. Lo consistente es el patrón: en la franja sur, el precio final tiende a ubicarse por debajo del eje Buenos Aires.

Un camionero lo sintetiza con pragmatismo: “Cuando bajo a Chubut, lleno dos veces. Con una sola diferencia de precio ya compensa”.

Qué conviene tener en cuenta

  • Si vas a viajar al sur, comparar precios por litro puede ahorrarte dinero real en un solo tanque.
  • Llevar efectivo o medios de pago alternativos ayuda, porque algunas estaciones en tramos largos priorizan débitos sobre créditos.
  • Atender la calidad del combustible: si cambiás de grado por precio, revisá el manual de tu vehículo.

En definitiva, la foto no es un “truco” comercial ni una distorsión pasajera. Es la huella de un impuesto específico que, al aliviarse en ciertas provincias, hace que la nafta rinda más. Y que, por una vez, la mayor distancia con el centro no sea un castigo, sino un pequeño alivio para el bolsillo de quien arranca el motor y mira el marcador de combustible con una mueca menos tensa.

Miguel Álvarez

Autor

Miguel Álvarez

Periodista especializado en transporte urbano y movilidad cotidiana. En TransOnline explica recorridos, tarifas y cambios que afectan a los pasajeros en Argentina.

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