Monotributo: de parche laboral a amenaza para el sistema de pensiones

El monotributo, un régimen fiscal que alguna vez se concibió como una solución temporal para las pequeñas empresas y los trabajadores autónomos, se ha convertido en el elefante en la habitación de las discusiones sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones de Argentina.

El principal problema del régimen es su menor carga impositiva en comparación con un sistema que cubre a los trabajadores por cuenta ajena. Esto significa menor recaudación para el Estado y plantea un desafío significativo para el futuro del sistema de pensiones.

Según un estudio del centro de ideas conservador Fundación Mediterránea, los trabajadores en las categorías más bajas de monotributo apenas cubren una fracción de las pensiones a las que tendrían derecho.

De hecho, incluso los trabajadores de mayor ingreso en monotributo no logran contribuir lo suficiente para cubrir las pensiones más bajas.

Este es un problema que aumentará con el tiempo debido al envejecimiento acelerado de la población argentina, lo que ejercerá una presión cada vez mayor sobre su sistema de pensiones a menos que se hagan cambios.

El nacimiento y la expansión del monotributo

El Régimen Simplificado para Pequeños Contribuyentes (Monotributo) fue creado a finales de la década de 1990. Su objetivo era facilitar la formalización de la actividad económica y el cumplimiento fiscal entre los trabajadores autónomos con ingresos bajos.

Su implementación respondió a una necesidad concreta: muchos pequeños empresarios, productores, freelancers, prestadores de servicios y profesionales trabajaban fuera del sistema formal porque el régimen general era costoso y complejo en relación con sus ingresos.

Esto los animó a permanecer en la economía informal en lugar de inscribirse debidamente en la categoría correspondiente para trabajadores autónomos.

El monotributo se concibió como un régimen de simplificación fiscal que facilitaría la formalización económica a través de un sistema fácil de cumplir, basado en un pago mensual fijo.

Con los años, el monotributo adquirió funciones adicionales. Evolucionó de un régimen diseñado principalmente para simplificar el cumplimiento tributario a una institución híbrida.

Aunque se creó como una puerta de entrada a la economía formal —posteriormente incorporando cobertura de pensiones y atención sanitaria— también se convirtió en un arreglo a largo plazo para actividades que se esperaba migraran al régimen general.

Por ejemplo, se convirtió en una forma común de disfrazar el empleo asalariado como trabajo autónomo.

Tampoco resolvió el problema de la economía informal. De hecho, la informalidad sigue siendo uno de los mayores desafíos que enfrenta el mercado laboral argentino, afectando al 44% de los trabajadores, según datos oficiales.

La brecha fiscal

Fundación Mediterránea calculó que la contribución media de un trabajador al sistema de pensiones asciende al 11% de sus ingresos, mientras que los trabajadores del monotributo contribuyen apenas el 1,1%.

“Dada la relativamente baja aportación de pensión y de impuestos bajo el régimen de monotributo, su contribución a los ingresos del gobierno ha sido, en general, insignificante”, explicó el informe.

Los 2,2 millones de trabajadores de monotributo que contribuyen al sistema de pensiones de Argentina generan unos ingresos anuales equivalentes al 0,04% del PIB. En comparación, el impuesto sobre la renta representa el 1,8% del PIB.

Como resultado, el régimen no solo genera pocos ingresos, sino que tampoco acumula suficientes fondos para sostener los pagos de pensiones en el futuro.

Según el estudio, si un trabajador masculino de monotributo en la categoría más baja, que gana 653 dólares al mes, no acumula suficientes aportes a lo largo de su vida laboral para financiar una renta vitalicia de por vida comparable a su pensión mínima actual (280 dólares).

En el caso de una trabajadora de monotributo en la misma categoría, que llega a la jubilación antes que los hombres y tiene una mayor esperanza de vida, esa cifra sería apenas el 7%.

El estudio advirtió que incluso los trabajadores de mayor ingreso en monotributo, que llegan a ganar 6.900 dólares al mes, no acumulan suficientes aportaciones a lo largo de su vida laboral para justificar una renta vitalicia de por vida comparable a la pensión mínima actual.

Tras cuatro décadas trabajando bajo la normativa vigente, un hombre habría contribuido al equivalente del 75% de lo que se necesitaría, mientras que una mujer alcanzaría apenas el 50%.

“Argentina necesitará una reforma de pensiones. No solo por los muchos problemas que enfrenta el sistema actual, sino también por la presión que impondrá el envejecimiento progresivo de la población”, advirtió el informe.

Como ejemplo, señaló que las personas de 0 a 14 años, que representaban el 31% de la población en 1991, representarán el 17% para 2030.

Miguel Álvarez

Autor

Miguel Álvarez

Periodista especializado en transporte urbano y movilidad cotidiana. En TransOnline explica recorridos, tarifas y cambios que afectan a los pasajeros en Argentina.

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